31.1.07

Happiness (*)

(*)



Juntos, no había dudas, pero había que esperar a definir en dónde.

Era una de las posibilidades. La opción que más querían no se dió.

Él le preguntó si estaba dispuesta a dejar lo mucho o poco que había construido. Le preguntó si estaba dispuesta a empezar de nuevo. Le aclaró algunas situaciones que podrían llegar a suceder. Que todo quedara hablado, que todo quedara claro.

Ella pensó en cientos de cosas a la vez. Acordaba con cada una de las prevenciones que él le hizo e incluso incluyó otras. Le temblaba el cuerpo. Nunca había sentido el corazón tan fuerte.
Ella estaba muerta de miedo. Miles de razones podían justificar un no.
Sucesiones de imágenes, imaginación de situaciones, preguntas inevitables y el maldito temblor.
Dió vueltas, no le salían las frases, escuchaba, intentaba hablar.

Lo miró a los ojos y le dijo que sí.

17.1.07

13.1.07

"...la yuta te puede cazar..." (*)

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Darián no es una excepción
Por María Petraccaro
(13/01/2007)

El miércoles 10, a las dos de la madrugada, el policía de la comisaría 4ª de La Plata, Luis Doratto, regresaba a su casa. Según su relato, los vecinos le avisaron que allí había dos personas robando, vio salir a dos jóvenes y los persiguió. Uno logró escapar y al otro lo apresó.
Doratto dijo que llamó a la seccional correspondiente, la 3ª de Los Hornos, y que de allí llegó un patrullero con los sargentos Santiago Regalía y Cristian Gutiérrez.
Los uniformados sostuvieron que hicieron ingresar al automóvil a Darián Brazábal, de 17 años, sin revisarlo y sin esposarlo. Pero en el camino hacia la comisaría, el chico habría sacado un arma calibre 32 que ellos no habían advertido, hubo un forcejeo y a Regalía se le escapó un tiro. La bala, sin embargo, ingresó por el parietal derecho y le atravesó la cabeza.
Las dudas nacieron casi al mismo tiempo que se dio a conocer el hecho. Nadie logra explicar como es que no esposaron y revisaron al chico, quien, si iba solo en el asiento trasero, tampoco hubiera podido provocar un forcejeo.
Cuando Doratto declaró, sostuvo que él mismo había esposado al joven cuando lo detuvo. Lo que no dijo fue que, hecho esto, golpeó a patadas a Darián, que estaba tirado en el piso. Ahora el policía está desafectado de la fuerza.
Inmediatamente, con una rapidez nunca vista en casos similares, la investigación del Ministerio de Seguridad de la provincia y de Asuntos Internos de la Bonaerense descubrió que antes de dirigirse a la comisaría, el patrullero dio varias vueltas por la zona a muy baja velocidad, para luego acelerar rumbo a la seccional.
Descubrieron, también, que el arma que supuestamente tenía el chico había sido incautada en un procedimiento realizado por personal de esa repartición el año pasado. Acusados de encubrimiento a raíz de este dato, están detenidos el capitán Carlos Morales, el teniente primero Iván Martínez y el teniente Lucas Oyarzábal.
Además, los sargentos Regalía y Gutiérrez están detenidos acusados de homicidio con alevosía. Y la oficial Mariana Edith González fue puesta a disponibilidad por no haber asentado la detención del chico en el libro de ingresos.
Todo indica que a Darián lo golpearon y lo asesinaron en el patrullero y que los oficiales de la 3ª que estaban de turno esa noche le plantaron el arma y ayudaron a limpiar la sangre del vehículo, buscando el encubrimiento de los homicidas.
Esto sucedió hace sólo unos días en la localidad de Los Hornos, la misma en la que vivía, hasta hace cuatro meses, Julio López. La policía que mató a Darián y que intentó disfrazar su asesinato es la misma que está buscando al desaparecido, la misma que lleva su foto en cada patrullero.
La policía de La Plata es aquella misma que torturó y asesinó a Miguel Bru en 1993, cuyo cuerpo nunca fue encontrado.
Los Hornos es, también, la misma localidad en la que operaba la banda “los horneros”, integrada por algunos policías, que asesinó a José Luis Cabezas en 1997.
Darián se suma a los 174 muertos durante 2006 a manos de las fuerzas de seguridad del Estado. Esa es la cifra que dio a conocer la CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional) en su último informe.
Allí, también consignan que casi el 70% de esos asesinatos fueron cometidos por policías provinciales.
El organismo también echó luz sobre un dato escalofriante: el 67,78% de las víctimas de gatillo fácil tienen entre 15 y 25 años.
El caso de Darián, evidentemente, no es una excepción.


* CORREPI, “Archivo de casos de personas asesinadas por las fuerzas de seguridad del Estado”.
* Fuente de datos: Página/12 de los días 11 y 12/01/2006

7.1.07

¡No va a ser siempre una gomera! (*)

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Al primero que escuché hablar de aquellos días fue a quien luego adopté como mi "abuelo".

Para informarme más, pasé primero por la biblioteca de Brasil al 1500 y nos abrieron las puertas, los libros, viejas fotos, la palabra y el corazón.

Luego, Don Osvaldo me abrió las puertas de su casa, "El Tugurio", donde en ese living tapado de libros, revistas y toneladas de papeles amarillos, accedió a dar una entrevista sobre el tema.

Y la Semana Trágica se incorporó a mi calendario. Por la necesidad de la memoria, pero también para reivindicar aquellas luchas. Distintas, sí, pero las mismas de hoy.

A mí me resulta inevitable relacionar estos días con mi queridísimo Bayer: él me lo contó y me lo enseñó.

Una nota suya, del año pasado, se puede encontrar en el apartado que sobre el tema presenta la página "El Ortiba". Siempre completo y siempre "batiendo la justa".

Foto: nota publicada en el periódico del PCA el 27/04/2006

5.1.07

La ley del deseo (*)

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No me decidía a escribir mi primer post del año.
También habrán visto que no dejé saluditos ni deseos.
Es que si bien estoy bastante bien a nivel personal, no me ando sintiendo bien con el entorno. Todo huele a podrido a nuestro alrededor.
Y eso, a veces, roba las esperanzas.

Lo que van a encontrar más abajo es una nota triste. En realidad, no es triste la nota, sino la historia que en ella se relata. Pero es real lo sucedido, y eso debe ser movilizante para todas y todos.
Será que no quiero más Natalias, será que creo en el poder de la comunicación para cambiar las visiones o modificar ciertas formas de pensar. Seguramente por eso estudié periodismo...
Debe ser, seguramente, que creo que estos casos hay que difundirlos necesariamente, aunque duelan (o quizás justamente por esto), para hacernos cargo, para hacer algo al respecto, poco o mucho, pero algo.
Sólo eso, esa idea de que cualquier acción por pequeña que sea puede llegar a modificar algo de nuestro entorno, es la que me permite la recuperación de la esperanza, cargar las pilas y recuperar fuerzas para seguir con los brazos en alto.
Quizás ese, en el fondo, sea mi deseo para este año que ya empezó: no perder las fuerzas, continuar las luchas y que nada ni nadie nos obligue a perder las esperanzas.



Natalia
02/01/07
Por Carlos del Frade

(APE).- Natalia tenía tres años y murió por causas evitables aunque todavía se discuten cuáles fueron.
Natalia tenía tres años y formaba parte de una familia compuesta por su mamá y siete hermanos.
Nadie discute cómo vivía Natalia y su familia: mal. Apenas se las ingenian para gambetear la pobreza inventada e impuesta sobre ellos.
Pero sí se discute el motivo de su viaje a la pampa de arriba.
Para la policía del lugar, el municipio de San Vicente, en el Gran Buenos Aires, Natalia murió por un agudo cuadro de desnutrición.
Sin embargo, para las principales autoridades de la Secretaría de Salud Pública del municipio, la nena de tres años fue víctima de problemas bronquiales y descartaron cualquier síntoma de mala alimentación.
Incluso los funcionarios de Salud Pública de San Vicente abundaron ante los periodistas y les contaron que Natalia y los suyos iban los sábados y domingos a un comedor barrial, sin reparar en lo que sucedía durante los demás días de la semana.
Es curiosa la discusión sobre el “caso Natalia” de San Vicente. Porque es un triste debate casi sin sentido en torno a la muerte de la casi beba de tres años.
En ningún momento, ya sea los policías o los médicos, pusieron en duda la manera de vivir que tenía Natalia y su familia.
Como si la muerte fuera algo extraño a la forma de existir. Como si el final no tuviera nada que ver con el desarrollo y el origen de una vida.
Y es en esa pelea sobre las causas de la muerte donde aparece el encubrimiento, la careta con la que se disfrazan y ocultan las verdaderas razones del drama.
Natalia murió como consecuencia de la pobreza en la que vivía.
Y fue esa pobreza feroz la que le produjo desnutrición, problemas bronquiales, respiratorios y tantos otros trastornos que su cuerpito no pudo más.
La vida secuestrada por la pobreza impuesta la mató a Natalia.
Entonces la discusión debería pasar por las condiciones de vida de cientos o miles de pibes como Natalia, no solamente en San Vicente, sino en el país entero.
Debatir en torno a la muerte de una nena de tres años también produce impunidad sobre todos aquellos funcionarios que debieron modificar las condiciones de vida de las familias como la de Natalia.
Esa desidia acumulada que explota al final en una estúpida contrapartida de opiniones sobre la muerte de una piba de tres años demuestra la insensibilidad cotidiana, aquella indiferencia que profundiza la agonía sembrada por la pobreza impuesta.
Natalia no murió como consecuencia de sus últimas horas, sino como resultado de la condena de ser pobre desde el nacimiento.
Hay que explicar la vida y no la muerte, hay que cambiar lo cotidiano y no actuar dolores cuando casi nada tiene sentido.
Natalia tenía tres años y no aguantó más la tortura de la pobreza impuesta.
De eso se trata, de hacerse cargo de la vida, de la historia cotidiana. Ese es el tamaño de la deuda interna argentina.

Fuente de datos: Agencia de Noticias Anpress 27-12-06