27.9.06

“..llevamos de portarretratos caras desfiguradas en un tetra-brick” (*)

(*)


Julio López sigue "desaparecido". Desde el 18 de septiembre. Hace ya diez días. Es mucho.

López no aparece y la primera hipótesis que todos quisimos creer casi a la fuerza, la del shock, la de que está perdido, se va cayendo a medida que pasa cada minuto.

Sin embargo, aunque hayamos deseado creer en esta posibilidad, a muchos lo primero que se nos pasó por la cabeza fue otra cosa.

Está "desaparecido" y la potente connotación que tiene esta palabra nos lleva a pensar en la peor de las situaciones.

Pero aquí lo que hay que plantear es que pensamos en eso antes que en cualquier otra cosa. Y estos días me pregunté por qué.

La respuesta parece sencilla, pero es importante remarcarla, nombrarla, hacerla visible.

No es como dijo el gobernador Felipe Solá. López no sería el primer desaparecido de la democracia.

No vale la pena aquí hacer largas enumeraciones, calculo que sabrán de qué estoy hablando. En estos más de 20 años de democracia han sido muchos los desaparecidos, aún cuando sepamos dónde están sus cuerpos, cuándo, dónde y quiénes los mataron. Siguen siendo desaparecidos en el más profundo sentido de la palabra.

Es que en todos estos años siguió pululando la muerte de manera desalmada. De la mano de las fuerzas de seguridad y de la impunidad que les sigue brindando este sistema, siguieron cayendo vidas por militancia social, por política, por pensar distinto, por pobreza y marginación.

Es que no han olvidado las formas de desaparecernos. Una represión, un pibe en el Riachuelo, el gatillo fácil, los muchachos de civil bajando de autos sin patente el 20 de diciembre en la 9 de Julio...

Seguimos acostumbrados al poder que detentan los azules, y los amigos de los azules, y sus familiares y sus conocidos. Seguimos acostumbrados a ciertos tipejos que amenazan, provocan, matan sin pudor, como lo hicieron antes. Como siempre.

No dejó de parecernos natural que los uniformes se planten cuando y donde quieran, que nos amedrenten aún en las situaciones más cotidianas.

Evidentemente, ellos no perdieron sus costumbres. Por eso hoy pensamos en lo peor ante la desaparición de Julio López.

Los que sí cambiamos desde las épocas del proceso a hoy fuimos nosotros. Ellos lograron meternos el miedo (a veces disfrazado de "respeto a las instituciones") en lo más profundo. El "no te metás" de unos cuantos hoy es religión popular. La lucha, la fuerza, la combatividad quedaron recluidas a pequeñísimos sectores que, además, son mal vistos y criticados duramente.

No en vano nos mataron tanto, primero con las armas y después con el hambre, la desocupación y el pánico a la marginación.

Nos destruyeron. Y ellos siguen igual de fuertes.

Hoy estamos ante una nueva desaparición, cuyo posible objetivo también parece estar llevándose a cabo: más miedo.

Los mismos que durante muchos años trataron de no bajar los brazos, de no darse por vencidos, de seguir peleando a pesar de todo, hoy saldrán (saldremos) nuevamente a la calle en Buenos Aires, como ya lo hicieron en la Plata, Rosario, Mar del Plata, entre otras ciudades, a exigir la aparición con vida de López.

El resto, la mayoría, ni se enterará, lo mirará por TV o a lo sumo puteará porque las calles están cortadas.

Claro signo de derrota.

Mientras, a los que sí nos importa, ellos nos seguirán imponiendo sus leyes y sus armas, sus formas, su muerte. Para seguir alimentando el miedo generalizado. Y, vale avisar, a los que no les importa también les corresponderá el mismo trato. Aunque no se metan.

4 comentarios:

Udi dijo...

La única derrota es abandonar la lucha, Una. Recordarlo hoy, por pocos que hayamos sido los que trajinamos las plazas del país, no está de más

María Petraccaro dijo...

No te preocupes, eso lo tengo claro.
Sucede que a veces una siente que las cosas le pasan por encima... y la aplastan.
De todas formas, me revitalizó un poco la marcha de hoy. No eramos tan pocos.

Anónimo dijo...

Vengo del otro blog "dejenme inventar" .

Ojala este hombre aparezca pronto y q no se confirme lo peor.
Hoy justo me contaban q la otra mujer q declaro contra Etchecolaz (militante, vos seguro sabes mejor q yo quien es) desde el jucio que pasa sus noches en lugares distintos, vive en una semi-clandestinidad.

Es terrible todo esto, la verdad q me da miedo e impotencia , sobretodo mucha bronca.

Muy bueno tu blog. Saludos.

María Petraccaro dijo...

Hola Sofía.
La otra testigo de la que hablás seguramente es Nilda Eloy. Y sí, ella está viviendo como puede y recibió muchísimas amenazas: la peor, le dejaron en el contestador una grabación de una (esperemos simulada) sesión de tortura...
Esto ya se va al carajo, también amenazaron a jueces de todo el país que están con juicios a genocidas...

Será cuestión de transformar el miedo, la impotencia, la bronca, en acción.

Me alegro que te guste.